martes, 3 de septiembre de 2013

Brasil en convulsión social: ¿fin del modelo asistencialista y proteccionista?

Hace unos meses el expresidente Alan García, publicó un premonitorio artículo que tuvo a bien titularlo “Quo vadis, amado Brasil”, en el que hacía saber su preocupación por el hermano mayor latinoamericano en lo concerniente al modelo de crecimiento y desarrollo que había venido siguiendo. Le preocupaba que en el 2012 su crecimiento apenas haya alcanzado el 1,6% frente al 8% de China y el 6% del Perú, pero como respuesta el gobierno brasileño decidió subir los aranceles, ya altos de por sí, para “defender” su industria nacional. Y es que, Alan García después de las malas experiencias de su primer gobierno y del gobierno militar, es un convencido de que el camino correcto para crecer y desarrollarse sostenidamente en el tiempo es abrir la economía al mundo y no bloquearla como lo que hizo el gobierno brasileño. 


Además, el líder del Apra compara la apertura de Brasil a la economía mundial con la del Perú, la que significó 19% del PBI del primero, frente al 50% que significó para nuestro país, haciendo que el Perú crezca más, cree más empelo y por ende reduzca mucho más la pobreza. Sin embargo, Brasil insistió en acrecentar su consumo interno con aumento de salarios públicos y subsidios, modelo que choca con un mundo cada vez más globalizado e interdependiente, sobre todo en lo que respecta a la economía, bloqueando así su propio crecimiento y la llegada de nuevos capitales y tecnología. Esa protección a su mercado originó también el aumento de los precios internos, y por ello la inflación brasileña entre el 2006 y el 2011 fue de 25% mientras que en el Perú fue de 15%.


Como parte de su política clientelista, Brasil se propuso aumentar el consumo interno para reducir la miseria, sin realizar las suficientes obras de infraestructura en educación, salud, sanidad y transportes fundamentalmente, como ahora le reclaman los millones de personas que se han volcado a las calles. Es decir, la política de subsidios y de aumento de salarios públicos no ha servido de nada, y la prueba irrefutable de ello es esta convulsión social que pareciera haber tomado desprevenido al gobierno brasileño, una suerte de Maracanazo. Esta es la verdad de un modelo que las izquierdas y caviares de América Latina proclamaban como la panacea o el milagro brasileño, que gracias a Dios está llegando a su fin, porque entre otras cosas también produjo altos índices de corrupción.

Tanto así que Neymar, la nueva estrella del fútbol brasileño, ha dado su respaldo a las protestas masivas, asegurando que incluso salió a jugar inspirado en sus compatriotas que habían salido a las calles, mostrando su gran sensibilidad social, pues siempre pensó que sería necesario salir a las calles para protestar exigiendo mejores condiciones de vida, porque esa es una obligación del gobierno y porque quiere un Brasil más justo, más seguro y más honesto.Ese es el ejemplo que ha dado a todo un pueblo un joven de 21 años, agregando que sus palabras no son demagógicas porque sus padres trabajaron mucho para ofrecerle a él y a su hermano un mínimo de calidad de vida. Así, este garoto ha pasado de ser el referente del verdadero estilo de fútbol brasileño, a ser uno de los voceros más caracterizados de esta pluriclasista protesta.

*Artículo escrito junto a Víctor Raúl Trujillo de Zela y publicado en La Razón el 23 de junio del 2013.

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